Paisajes de interior en el metro de Madrid

Hoy, en el metro, un hombre de mundo y corbata hablaba con orgullo de haber estado en los cuatro Zara de Londres. De suela inmaculada, de mundo etiquetado, de libro con fotografías y pie de página diciendo que yo estuve allí. Pero en verdad nunca se movió del sitio, con su ostentosa soberbia aún descalza y sin vestir.

Justo detrás, una mujer de adolescencia tardía teñía de azul el príncipe que había conocido en una red social de fotos de carné e instituto. Destripaba la prudencia contando en voz alta los sueños que no se había atrevido a soñar. Ese timbre de voz que llama a la puerta con un caja de promesas en las manos, que no espera, confía en que todas sus mentiras sean verdad, o al menos, que se le parezcan tanto como para poder creérselas.

Y finalmente, una chica de aspecto suicida leía a Lewis Carrol con la esperanza de que el túnel del metro fuese la madriguera del conejo. Una Alicia huérfana de pelo rubio que vestía ese luto festivo que parece haber entendido sólo la mitad del discurso.

En resumen, hoy el metro ha descarrilado por dentro.

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Una respuesta a Paisajes de interior en el metro de Madrid

  1. Juani dijo:

    Me acordaré de esto cada vez que descarrile.

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