Un café para llevar y no volver.

A quien pueda corresponder:

Un mesa de café es tan buena como una cama, pero sin almohadas, para decirte que podría escribir con el dedo sobre tu espalda un poema de amor obsceno a pronunciar sin decir palabra. O tal vez tararearía bailando con los dedos bajo la mesa, sobre tu rodilla, de camino a que me pares con una mano encima de la mía. Quizás juntar las sillas y hablar tan de cerca que no digamos nada, sólo morder la punta de la lengua, de la tuya. Que para morderse los labios hacen falta dos.

Y el café, como la cama, sería una excusa.

Aténtamente,

El autor.

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