Escuchar el mar es un tipo de silencio.

No echo de manos el mar cuando me cojean los bolsillos que por tener, no tienen arena. Y la marea se queda a quinientos kilómetros de mostrarme las faldas que se deshacen en espuma mordiendo las rocas, deshaciendo el silencio que se lleva consigo y no vuelve.

Escuchar el mar con un nudo marinero en la garganta.

Esa era la sal en las heridas, la que se queda en un recuerdo fantasma que no he bañado. Y rompe la cresta de los dedos en el crepitar que se escurre orilla abajo, arrastrando saliva sobre granos infinitos. Y antes de que se seque la huella de su lengua, vuelve a morder con la mano abierta el trozo de tierra que es suyo y no se lleva.

Pero lo intenta.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s