Esto ya lo han dicho, así que me lo invento.

La vi en un paso cebra, ahorcando con el bolso todas las farolas de Madrid, descarrilando ambulancias levantando el pulgar de la falda. Toreando entre las caderas los piropos que resbalan y mueren antes de querer pronunciarlos, bailando con el aire de un silbido de obrero sin capa ni espada y clavando los ojos en vena que pica hueso cuando me mira.

Llevaba medias negras que se enredaban en el cuello de todos mis dedos que no llegaban a tocarla, sin saber que hacer con la sangre que pedía a gritos algo del corazón o tal vez droga que sepa atravesar la piel sin necesidad de cruzar la ropa. Y se moría el tiempo a su lado, como si no supieran contar que la eternidad es un cuento corto.

Minifalda a cuadros de dos colores y me bastaban para pintarte, como los niños pintan, con las manos desnudas y sin saber donde pisan, que lo que importa es manchar hasta las cejas de las sábanas o el lienzo en blanco. Manchar, manchar las paredes de ropa hasta que no quede rastros sin vestir, con la piel por segunda piel, borrando lunares.

Bufanda azul, ahogando mares y mareas. Y en la orilla dejas de respirar, dos botones de menos y un escote bajo la bandera, bufanda. Bufanda azul.

El resto de la canción ya os la conocéis.

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