Quemar después de leer.

Era leer un verbo erótico que despluma botones en cada coma. De escribir ya ni hablamos, literalmente, que se dice en voz baja al oído sin mover los labios pero las piernas. Leer como acto descarado de mirar desnudos por el ojo que me guiña la cerradura y hacerme sentir que estoy al otro lado.

Leer es acercarse, con sigilo nocturno a la luz del día, apuntando con el índice sobre cada línea y al final de cada párrafo bajar el pulgar y disparar con el puño cerrado.

Y escribir, al menos para mi, es intentarlo.

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