El cuerpo de la carta era de mujer.

Una falda que deja desnudo a todo el vagón de metro, con la mirada ausente sobre el cristal de emergencia que hace tiempo quiero romper, junto a tus medias. Y esa melena que echa a correr cuando te mueves sin levantar los pies, que me llevaría todos sus dedos a la boca para dejar de hablar y empezar a saber que los dedos también tocan. Sin tocarte.

Y no, que no.

Dos segundos me bastan para pensar que esa ropa queda mejor en el suelo, cayendo como si le costara la vida hacerlo, tan despacio que te roza y te hiere. Un instante que cruzas sin saber que tus gafas se han llevado por delante mis ojos, y que las piernas que te acompañan son un laberinto  de dos paredes y cuesta arriba donde perderse dibujando las pecas que te faltan.

Y no, de verdad que no.

Que no.

Sacas un billete de metro y yo te saco a bailar, sin pedirlo, sin hablar, pensando que no te has dado cuenta. Y el vuelo te tu falda fingida en un abrigo lo imagino descubriendo lo ajustado de un dibujo sobre tus piernas, rodando por las escaleras de la cama, mordiendo las paredes con las manos. Y la música que se olvide nosotros, y que nos odien los pájaros en la ventana,  los vecinos y las buenas palabras.

Y no, en serio.

Que no

Que no

Que esto no es una carta de amor.

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2 respuestas a El cuerpo de la carta era de mujer.

  1. Pilar dijo:

    Todas las cartas que mandan ahora las personas son de amor. Las personas, ojo.

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