Breve domingo de invierno

No sabes bien como desabrocharía todos los domingos en tu espalda, como quien pone cruces en un calendario pero con los dedos. Serpeteando, dibujando una lágrima que sabe volver a la nuca de donde ha nacido.

Y no hacer nada, ni mover la boca para respirar más que un leve suspiro, casi un susurro. El que tumba las horas de un breve domingo y se olvida del invierno entre tu espalda y mis dedos.

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