Dentro del probador ( I )

Una mujer de pelo negro escribió:

Debería decirte que he salido esta tarde a pasear. Decirte eso o no decirte nada. Pero la verdad es que he salido a no pensar en nada.

A no pensar en el trabajo, a no pensar en las mil cosas que debería haber hecho, a no pensar en ti. Tenia tantas cosas en las que no pensar que solo me ha quedado la alternativa de ir mirando al suelo y contar los pasos.

Y así he acabado en una tienda, haciendo cola para entrar en el probador con un vestido que he pensado que podría gustarte. La enésima traición del subconsciente, no vas a ver nunca el maldito vestido. Desde luego, no en mi. Que pueda gustarte en el cuerpo de otra es otro pensamiento a descartar.

Y tratando de no pensar en nada, me he dedicado a observar a la gente. Detrás mío, una pareja. Una de esas parejas felices de compras, lo que significa que el caballero galante acompaña a la dama y finge que se divierte para complacerla. Una de esas parejas odiosas en las que si te fijas puedes ver la correa invisible que lleva el amante novio y que la feliz novia sujeta sin piedad. Siempre he odiado a esas mujeres, claro que sospecho que desde la envidia menos sana que se pueda sentir. Curioso que se pueda envidiar algo que desprecias.

Una espera eterna la mía. A punto de tirar la percha y huir de tantos besos sonoros y risas. Y por fin, la luz. Dos cortinas que se abren consecutivas, dos probadores libres. Por fin.

He entrado y cerrado la cortina, enfadada no se con quien. Me he mirado en el espejo y estaba guapa. ¿Para que? O mejor ¿quien? ¿De que vale tener un día bueno si nadie te mira? Mientras odiaba por dentro y empezaba a quitarme la ropa, le he visto

El caballero galante, el novio perfecto. Ahí estaba mirando por la rendija de la cortina mal cerrada. Podría  haberme girado y decirle algo. O cerrar la cortina.

Sabia que el no había captado mis ojos en el espejo. No era mi cara lo que miraba. Y entonces he pensado en ti. En ella contigo, ella que en mi mente tanto se parece a mi vecina de probador. He pensado  -¿quieres mirarme? Pues hazlo-.

Me he desnudado para el, me he probado el vestido como si no fuera consciente de esos ojos que tenia clavados. Cinco minutos, los que se tardan en quitarse la ropa en un probador y vestirse de nuevo. Cinco minutos de actuación para un desconocido en los que he perdido los nervios, el control y el sentido común. Le he visto acercarse a esa rendija y abrirla solo un centímetro mas con cuidado,  fingiendo que no era intencionado.  Y le he mirado. He visto el miedo un momento en sus ojos. Y antes de que huyera, he desandado el camino. Me he quitado el vestido que no vas a ver y no he dejado de mirarle mientras me ponía mi ropa. Tan despacio que si la feliz novia no hubiera llevado media tienda entre los brazos, habría perdido a mí publico antes de tiempo.

Un baile extraño, mis ojos en los suyos y los suyos en mi cuerpo. Y ¿sabes? miraban y quemaban igual que los tuyos. Quemaban tanto que he disfrutado cada segundo. Se puede tocar con los ojos, eso ya lo sabía.

Debería decirte que me avergüenzo, pero te diré la verdad. Te diré que he salido del probador, que nos hemos mirado esta vez si, los dos, una única vez. Que me he ido dejando allí el vestido que nunca vas a ver. Creo que después de todo, no era ropa lo que buscaba.

Debería avergonzarme porque solo he pensado en que podíais, si tenéis ganas, besar a la novia. Los dos.

Ryf

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