De tres en tres

Tres pulsaciones, como quien llama con los nudillos a la puerta, caen sobre mi pecho. Sin avisar, sin respirar, como una aldaba que replica en duelo, cuando me detengo y dejo de escribirte,  caen sobre mi… tres pulsaciones sobre mi pecho.

Tres brindis de suspiro largo. Sírvame otra copa, que el infarto es un precio menor por relamer de pestaña a pestaña palabras que llevan mi nombre en el dorso, a la orilla de un punto final, donde sé que susurran mis iniciales.

Tres latidos de herida de bala, con su sangre en cada puño que redacta torpemente lo que nunca ha pasado. Manchando los bordes de un papel suicida, que muere y resucita, al escribir y al leer, que se arruga de vergüenza y se pliega en tu pecho, esperando a ser abierto.

Y si al leerlo bajo el agua, conteniendo la respiración, sientes tres golpes al reverso de tu espalda, seré yo el que llama por la ventana.

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