37 de Septiembre

Erase una vez, yo tenía un hermano…

Se le encogieron los pulmones, como un ovillo de lana que rueda escalera abajo. La faltaba el aire y a mi me faltaban palabras, no por cobardes, sino por inexistentes. No podía despegar los labios y encontrar cómo decir lo que aun no tiene bautismo en las hojas de ningún diccionario.

Mi hermano se cansaba de respirar, no podía mantener el sencillo ritmo de un tic-tac. Se le morían las horas, se le clavaban los segundos en cada susurro que empujaba a salir de su boca, como si hablar fuera mover un músculo que no es de este mundo.

Y le dieron la vuelta al cuento, fue el príncipe el que se quedo dormido. Sin manzana, sin bruja, sin encantamiento, en un coma farmacológico. Él dormía y era yo el que quería despertar.

El purgatorio tiene nombre de una sala de hospital. Fue mi segunda casa durante un mes, o mi segundo infierno, según se mire, por que ya a nada le podía llamar hogar.

Al final…mi hermano, con un cuerpo que ya no era suyo, dijo basta, sin palabras ni gestos, pero dijo basta.Su corazón se rompió en un lecho de agujas. Y con él partió de viaje con la maleta desecha y sangrante, la mitad de mi mismo que cojea cuando te recuerda.

Se había cansado; de dormir y no despertar, de sentir y no gritar….de vivir muriendo… Se había cansado. Una llamada me anunció su muerte, todo había acabado, que bajaran el telón rasgado, que quemaran el decorado, que el primero apague la luz, que la noche ha llegado.

Cuando llegué a la UCI pude verlo, tranquilo, como si nada hubiera pasado, como si ojalá nada hubiera pasado. Como si fuera capaz de creérmelo…Lo miraba, y no me lo creía. Me lo decían, y no me lo creía. Y cada vez que me lo creo un poco más, muere algo en mi, sin que nadie doble las campanas. Cuando me veas llorar, no será por él, será por la parte de mi que ha muerto al aceptarle.

Y en tu caída me arrancaste los dedos, y no pude escribir, me dejaste sin lengua, y no pude hablar. Me dejaste sin ojos… y no pude….simplemente no pude….

Ese día aprendí que olvidar es un disfraz que me pongo cuando no quiero que me preguntes. Te diré que estoy cansado, pero no, no estoy cansado, estoy jodido, pero no te lo diré. Hay verdades que sólo me pertenecen a mi, y no te miento, me protejo… que responder es herirme una vez más, y no siempre estoy dispuesto a resucitar… no miento, y si lo hago, es por la imperiosa necesidad de sobrevivir a los recuerdos.

No me duele su ausencia, el dolor se queda pequeño si me atrevo a mirarle, no es dolor, es encoger tu vida en pliegues en la palma de la mano… y apretar hasta que te salgan los dedos por los nudillos.

Y su sombra se acuesta a mi pasos, y no le alcanzo…

¿Dónde entierras a un gigante? La tierra ya no te reconoce, el cielo te ha olvidado. El mar te merece, y el mar fue tu lápida y tu epitafio sin punto final.

Eras tan grande, que el mar se hizo cenizas.

Eras tan grande, que un funeral nunca fue suficiente

Eras tan grande…

Eras…

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4 respuestas a 37 de Septiembre

  1. Marihood dijo:

    un escrito precioso!

  2. Nuna dijo:

    La parte de nosotros que contiene el recuerdo de un ser querido; ¿qué parte es? ¿Es nuestra o de quien nos la ha dado? Eras o eres… un pedazo de mi?

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