Pañuelo de estación (de invierno)

Malos tiempos para el andén, que acumula despedidas bajo los adoquines.

Largo tren de invierno recorrido con maletas que pierden hojas caducas en la cuerda de tender. Un Septiembre de manga larga espera en la estación, un silbido, una campana, una señal que le invite a marcharse, con sus treinta versos en la suela de un calendario que marca mi pulsaciones en rojo.

Ya hemos leído juntos el braile de heridas a flor de miel, sangre seca que no muere ni mata, hemos repasado el surco de mejillas agrietadas, del cuenco de mi saliva y hemos pasado lista a las balas de cañón alojadas sin pensión ni alquiler, entre latidos de no me olvides y poemas de Neruda.

Ahora, márchate lejos, Septiembre, deja que me abroche la piel del pecho abierto, y que te  muestre la salida, que el tren ha partido hace 30 días, y ya no me quedan noches que regalarte.

Y Septiembre se marcha… dejando un maleta de siete días a mis pies.

Siete días, cuatro años, una vida. Hasta los números te duelen.

Y no hay pañuelo en la estación (de invierno)

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