Ahora o siempre

Vivo un presente que no es mio, un tiempo de prestado que se cobra preguntas en el minutero que muere en el reloj. Se quedan atrás las promesas que descorren las cortinas dejando pasar la luz, ya no hay firmas que juren mas que con mi puño, patada y letra, ni mas verdad que la que clava mi lengua entre hoy y mañana.

No puedo esperar al silbato del andén, me apeo de un castillo de naipes y dibujaré mis propias vías sobre las que caminar, con las manos más que con los pies, manos que callan la culpa que encierran en cada dedo. Soy yo, aunque quiera culparte, soy yo al que le debo encontrarme con el extraño privilegio de haberme conocido, tarde, despeinado y con la corbata manchada de arrogancia que me caía de la boca, y no iba a ninguna parte.

Me estrecho la mano, me sonrío a mi mismo sabiendo que la mitad de mi boca miente a la otra mejilla que sostiene la verdad, y me confieso que nunca es tarde, pero sólo si comienzo a caminar, mirada al frente, por mi propio paso, por mi propio peso.

El tiempo no perdona, y el camino tampoco.

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