Cordones desatados

Su mirada era un océano sin horizonte, me ahogaba en un naufragio sin salida cada vez que cruzaba la cuerda floja del tiempo fugaz en que nos mirábamos. Breve, pero eterno para un corazón adolescente que corría con los cordones de sus arterias desatados.

Nunca supe mas que su nombre, pero aun así me fingía enamorado, enaltecía los sentimientos que no me correspondían, o que creía míos, que mas da… sentía como propio el reino de los cielos, a quién le importa que no fuera cierto, que las paredes fueran de cartón, si yo lo sentía como si mis latidos se expandieran hasta la punta de mis dedos. Puede que no fuera verdad, que tan sólo estuviera embriagado de una poderosa imaginación, pero… llegué a creérmelo.

Y si me miraba, dinamitaba mi razón en pájaros en la cabeza que revoloteaban en un piar continuo que duraba hasta la puesta de sol del día siguiente.

Y si me hablaba, volaba mis articulaciones inteligibles en fuegos de artificio que explotaban en monosílabos, y me hacían parecer mas imbécil de lo normal.

Y si me rozaba, si me rozaba el mundo cobraba sentido, sin más.

Que más da que no fuera amor, que importa si no la conociera, para mi era tan real que podía tocarlo sin romperse.

Y es que la primera vez que te enamoras queda lacrado en el tiempo con un barniz desconocido, de dureza noble,  que me vuelca los recuerdos cuando quiero hablar de ella. Como iba a saber yo a mis apenas 16 años que décadas después no podría olvidarla, que regreso de los altares de la madurez, bajando los escalones de dos en dos, a los pantalones cortos de entedimiento, de granos en la lengua, cada vez que la he vuelto a ver.

Y la ropa me queda grande cuando te miro, y la lengua me queda estrecha cuando te hablo, y el corazón…. el corazón no sabe donde esconderse.

Supongo que es la maldición de la primera vez, que pase el tiempo que pase, si es contigo,  siempre vuelven los primeros nervios, la mirada esquiva, la voz trémula, el pulso rebotando bajo la piel a la velocidad del aleteo de palomas en la boca del paladar.

Siempre serás la primera vez, Cristina, siempre.

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4 respuestas a Cordones desatados

  1. SemillaNegra dijo:

    *_*

    Y la ropa me queda grande cuando te miro, y la lengua me queda estrecha cuando te hablo, y el corazón…. el corazón no sabe donde esconderse.

    Tiene usted barra libre.

  2. Nuna dijo:

    Cristina siempre vuelve.

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