Descomposición de un encuentro casual

Nos encontramos por la calle, la única cita a la que acudes tras cuatro años sin vernos, y es improvisada. Me devolviste con alegría fingida los recuerdos que de ti ya no quiero, pero ya no vivo aquí, dirección equivocada.

Actuabas sobre la cuerda floja, como si nada hubiera pasado, repasabas postales de tu vida en una sesión de diapositivas con fotos abrazada a tu ego, sin escuchar lo que te decía. Y te decía, entre lineas o sobre ellas, que ya no me importas, que hace años dejaste claro en que lado de la línea estabas, que me gustaría olvidar tu nombre, Elena, pero lo recuerdo con un sólo objetivo: esquivarte si te veo venir.

Te fuiste clavando un “deberíamos quedar” en el suelo, como quien lanza un guante para batirse en duelo, y me fui dándonte lo mejor de mi que me podrás sacar jamás, la espalda. Cogí tu álbum de vacaciones en el centro de tu ombligo, y lo tiré a la primera papelera que tuve oportunidad, con cerilla incluida. Ardes más rápido cuando me recuerdas porque dejé de llamarte “amiga”.

Hasta nunca, Elena, hasta nunca jamás.

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2 respuestas a Descomposición de un encuentro casual

  1. Nuna dijo:

    Recuérdame que si te veo venir cambie de acera antes de llegar a la esquina jujuju (Brutal! Me ha encantado.)

  2. Tu tendrás que huir de mi por otro motivos. Si te dejas, te atrapo.

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